La Iglesia ante los retos de la historia

Científicos y religiosos

 

Ruđer Josip Bošković

(Croacia 1711– Milán 1787)

“No nos cansemos, pues, de hacer el bien”

Ruđer Josip Bošković

Fue un Sacerdote Jesuita y también Físico, astrónomo, matemático, filósofo y poeta. Realizó labores de investigación, docencia, escritos políticos y resolución de conflictos de su tiempo.

Admirado por el mundo culto y científico, que no podía sino sorprenderse con cada nuevo trabajo que publicaba, Boskovic, es sobretodo recordado por sentar las bases de la teoría atómica basada en la teoría newtoniana, fundamental para el posterior desarrollo de la física contemporánea.

Mostró la maravillosa unión entre Ciencia y Fe.

“No nos cansemos, pues, de hacer el bien”

Esta frase de San Pablo podría ser el lema de Ruder Boskovic, resumiendo su infatigable tarea de entender y descifrar como funciona el mundo, la obra del Creador, estudiando las estrellas, las órbitas y la esencia de la materia. Su trabajo, con más de 60 tratados, dejó huella en el mundo científico y un legado que sirvió de inspiración a los trabajos posteriores de Michael Faraday y Albert Einstein.

Nació en Ragusa el 8 de mayo de 1711, el más joven de seis hermanos, estudió en el colegio jesuita de su ciudad natal. Cautivado por esta experiencia, a los 14 años, decidió  entrar al Noviciado de la Compañía de Jesús en Roma. Sus maestros del Colegio Romano cultivaron con éxito los talentos del joven Boskovic, que empezaba a brillar especialmente en Matemáticas.

Zagreb, Croacia

Su actividad intelectual abarcó una pluralidad de disciplinas. Además tomó parte activa en las discusiones científicas de su época. A éstas  pertenecen su Desviación de la Tierra de la probable Forma Esférica o El Cómputo de la Órbita de un Cometa a partir de unas breves Observaciones.

Así pues, tenemos a Boscovic investigando la esencia de la materia e intentando establecer más ampliamente la ley de Newton sobre la gravitación universal, buscando siempre la relación entre lo creado y el Creador. Para este jesuita, lo importante es reconocer al Diseñador en las Leyes que gobiernan la naturaleza. “Quien considera todo lo creado como fruto de la casualidad, no puede cometer un error más grave”. La labor del científico es reconocer a este Autor.

En De materiae divisibilitate et du principiis corporum dissertatio (1748) Boscovic considera a las moléculas como puntos matemáticos y conjetura la existencia de complejas fuerzas intermoleculares que pueden ser repulsivas o atractivas dependiendo de la distancia entre las partículas. El caso de Boscovic es especialmente significativo porque él fue el primero en afirmar, en contra de sus contemporáneos, que la naturaleza de los átomos que forman los sólidos y los líquidos es la misma que la de los que forman los gases.

Además, su intento de establecer una teoría unificada de los fenómenos físicos basada en la Naturphilosophie kantiana, influenciará a grandes científicos del siglo XIX como Faraday, Oersted o Lord Kelvin.

Boscovic también demostró mucha habilidad en solucionar los problemas prácticos de su época. A mitad del siglo XVIII la gran cúpula de San Pedro comenzó a agrietarse, causando consternación al Papa y a la Ciudad Eterna. Boscovic fue consultado y salvó del derrumbe a la cúpula de la Basílica de San Pedro en Roma, rodeándola de cinco anillos de hierro.

No fue el único reto al que se enfrentó. También se implicó como mediador cuando los ciudadanos de Ragusa, su ciudad natal, le pidieron que fuera árbitro de una disputa en la que estaban envueltos con el rey de Francia.

Muchas universidades buscaron reclutar a Boscovic en su profesorado. Sus trabajos atrajeron la atención de prestigiosas academias que lo hicieron miembro activo, como la Academia Rusa de Ciencias o la Royal Society en 1760. Es más, la emperatriz María Teresa y el emperador Francisco de Austria le ofrecieron títulos de nobleza, que rechazó por su juramento a la Compañía de Jesús.

Boskovic estuvo siempre lleno de espíritu emprendedor, atrayendo la atención tanto con sus escritos políticos como con sus logros científicos. Mientras estuvo en Inglaterra, impulsó las observaciones del tránsito de Venus, el 6 de junio de 1761. La Academia de Londres propuso enviar a Boscovic a cargo de una expedición a California a observar el tránsito de Venus en 1769, pero desafortunadamente, la oposición manifestada en todas partes a la Compañía de Jesús que llevó finalmente a su supresión, la hizo imposible. Continuó, sin embargo, dando sus servicios al Observatorio de Milán.

Tras la publicación de su último trabajo se retiró por un tiempo al monasterio de los monjes de Vallombrosa. La muerte lo visitó a la edad de 76 años, precedida por un largo malestar acompañado de enfermedades nerviosas y desarreglos mentales. Fue sepultado en la iglesia de Santa María Podone.

Es tanta su influencia en el mundo científico que varias calles en Italia tienen su nombre, un cráter de la luna también fue bautizado con su nombre, e incluso existe un monumento en su honor en los jardines del Instituto Atómico de Zagreb. También el asteroide Boskovic conmemora su figura.

Cráter lunar Boskovich

En Boskovic encontramos un sacerdote y un ser humano, que probó las dificultades de la vida, comenzando por su propio mundo interior, pues tendía a las enfermedades nerviosas, especialmente a la depresión. Sin embargo, esto no fue obstáculo para entregar los dones recibidos de Dios y hacerlos multiplicar, dejando un gran legado para el desarrollo científico de la humanidad.

A pesar de trabajar en tiempos difíciles, que vieron el cierre de la Compañía de Jesús, nunca cesó en su activismo y en su incansable trabajo por conocer y enseñar la esencia de la realidad. Su amor a la ciencia estuvo siempre sometido al amor por Cristo.