Yes!

Yes!

Hay quien piensa que la religión es una sucesión de “noes”. No hagas esto, no elijas esto, no se puede pensar de esta manera… Entonces, parece que seguir a Jesús es ir renunciando a muchas posibilidades, ir cerrándose puertas, ir poniéndose frenos que otros, que no comparten la misma fe, no parecen tener. Pero esa visión es muy triste, e irreal. Porque lo importante, en la fe, en el evangelio, y en la pasión por Dios, es el “sí”. Es lo que abrazamos, lo que nos seduce, lo que apasiona, llena de ilusión o pone un horizonte. De esto se trata.

Decir que “sí” a Jesús, a su evangelio, a la fe… es decir muchos “síes”. Es elegir una forma de amor que merece la pena: fiel, luchador, generoso, buscador… Es fijar los ojos –y el corazón- en Jesús de Nazaret, para aprender de él en qué consiste ser persona, y cuántas posibilidades tenemos. Es afirmar al prójimo, o lo que es lo mismo, aprender a disfrutar del valor de cada persona. Es encontrar mil posibilidades para llenar tus días. Es mirar al mundo y aprender a leer lo que ves, descubriendo en cada persona valores, capacidades y talentos que apuntan hacia Dios. Es optar por una forma de ser feliz.

Entonces, ¿no hay “noes” en el seguimiento de Jesús? Pues no más (ni menos) que en otras opciones.

Es decir, en toda vida, al elegir unos caminos dejas atrás otros. Pero normalmente cuando dejas algo atrás, lo haces porque quieres con más intensidad lo que abrazas.

Mirar siempre a aquello de lo que uno prescinde es solo una forma de nostalgia, y únicamente revela que, de algún modo, falta la pasión por lo que vives. Pues bien, Dios, en verdad, apasiona.

El evangelio ilusiona. Jesús seduce.

La amistad, la comunidad, la posibilidad de encuentro, llena los días.

“Y dejando al instante las redes, le siguieron” (Mc 1,18)

Prantxes Xabier de Echarri y Moltó