bandera japónEnrique Calicó, socio de Enraizados, nos cuenta (en diferentes capítulos) su experiencia en Eucaristías con diferentes comunidades católicas de Extremo Oriente. Aunque lejos en kilómetros, son hermanos nuestros en la fe. Desde Enraizados estamos especialmente preocupados por los cristianos perseguidos en China, Singapur y otros países:

Cada año, una o varias veces, viajaba a Extremo Oriente por razones de trabajo. Y esto durante más de veinte años, hasta que mi edad me recomendó que lo dejara para la gente más joven de la empresa.

Los países más frecuentados eran Japón, Corea del Sur, Taiwán y China. Y esporádicamente, Hong Kong y Filipinas. Aprovechaba los domingos, días no laborables, para coger el avión y saltar de un lugar a otro. Y hacía todo lo posible para no perderme la misa dominical, que en algunos puntos era totalmente imposible, por eso me llevaba conmigo un librito de la “Misa de cada día” que me servía además poder seguirla a pesar de los diferentes idiomas de los que no entendía ni palabra, como es natural. Y voy a dar algún detalle de una misa por país.

TOKIO, JAPÓN.- Mi primera misa en Japón lo fue a las de ocho de la mañana en San Ignacio, jesuitas. Una iglesia amplia, semivacía, gente esparcida, no agrupada. Compartía banco de seis con una señorita, o señora (pues es difícil saber la edad de los orientales, siempre tienen el aspecto joven), ella con sus gafas de cristales redondos. Todo el mundo tenía un libro en las manos. Al ver que yo no llevaba libro (era mi primera experiencia) coge uno, busca la página adecuada y me lo entrega abierto. Estaban leyendo las lecturas. Cojo el libro, me lo miro y horror, todo escrito en japonés. Imposible leer y seguirles, mejor rezar el rosario como el lego que no sabía latín. Al momento de darnos la paz, nadie extendió la mano, sino la tradicional reverencia japonesa a diestra y siniestra. Yo, allí donde fueres, haz lo que vieres, hice lo mismo.

Al salir, nadie me preguntó nada. Yo media vuelta, coger el metro y al hotel, donde mi compañero me esperaba para coger el tren e irnos a Osaka.