amaiurAlberto Unamunzaga, Portavoz de Amaiur en el Senado afirmaba ayer en la Comparecencia de la Vicepresidenta del Gobierno Soraya Sáez de Santamaría en el Senado “No admito ningún tipo de lecciones de democracia y respeto a los derechos humanos por parte de nadie porque desgraciadamente he tenido que estar en demasiados actos de situaciones de vulneraciones de derechos humanos que se han producido en mi país de distinto cariz”

La Asociación Enraizados, una voz católica en la vida pública quiere mostrar, desde su principio fundacional de respeto a la dignidad de la persona, de toda persona, con atención preferencial a los más pobres y desfavorecidos, entre los que han de señalarse especialmente en España las víctimas del terrorismo, su más profunda condena y desprecio hacia estas palabras que olvidan a las víctimas y defienden a sus verdugos al dar a entender que la lucha del Estado de Derecho contra los asesinos son vulneraciones de derechos humanos.

Para José Castro Velarde, portavoz de la Asociación, “las palabras de Unamunzaga son absolutamente despreciables ya que cualquier referencia a la vulneración de derechos humanos en España que olvide a las verdaderas víctimas, aquellas que han sufrido la violencia etarra, y trate de legitimar el mensaje de los terroristas acerca de la existencia de un conflicto donde habría habido víctimas inocentes por ambos bandos, se alejan del mensaje de paz y justicia que necesita la sociedad española en general y la vasca en particular, mensaje que debe fundamentarse en la atención prioritaria a las víctimas y la petición de perdón y cumplimiento de la justa condena de sus asesinos y verdugos”

En este sentido Castro Velarde afirma que “la reciente homilía conjunta de los Obispos vascos sobre el final del terrorismo en la que mostraban su cercanía a las víctimas e instaban a la banda terrorista a su disolución y petición de perdón son un referente seguro para una paz verdadera”.

Asimismo la Asociación se sorprende que hermanos suyos en la fe como
Rafa Larreina puedan compartir palabras tan absolutamente despreciables y le piden que se pronuncie públicamente sobre las mismas.