Eduardo-Gutierrez-1El diplomático español se declara creyente lo que por desgracia en nuestros días no es poca cosa.

Reproducimos a continuación la entrevista que puede encontrarse en las páginas del Diario español ABC.

El nuevo embajador de España ante la Santa Sede presentó sus credenciales al Papa el pasado lunes. Eduardo Gutiérrez Sáenz de Buruaga, madrileño de 54 años, es un hombre sereno, de mirada franca y simpatía natural, características ideales para tomar las riendas de la embajada más antigua del mundo. Hoy comparte con los lectores de ABC sus primeras impresiones en la primera entrevista que concede.

-Usted ha representado a España en capitales muy variadas como Jartum, México o Washington, ¿Qué se siente al llegar al Vaticano?

– Como creyente, como español y como diplomático, ser embajador de España ante la Santa Sede es uno de los mayores honores que se pueden tener. Me siento tremendamente honrado por la confianza del gobierno para esta tarea.

– ¿Cómo ha encontrado a Benedicto XVI?

– Muy bien. Es una persona de edad respetable, que tiene sobre sus espaldas un peso enorme como guía no sólo espiritual sino también del gobierno diario de la Iglesia. Es una tarea tremenda para cualquier persona, y es lógico que acuse el esfuerzo.

– ¿Qué le llamó la atención de su persona?

– Ante todo, la serenidad que irradia y la inteligencia de su mirada. También, la afabilidad del trato y el buen humor, como cuando bromeó diciéndome que ha viajado tantas veces a España como a Alemania. Está claro que nos concede una atención particular.

– ¿Somos un país importante?

– España es, por así decirlo, una gran potencia religiosa. Si me permite la comparación, hay grandes deportistas, cocineros o artistas españoles. También a nivel religioso somos una potencia global reconocida. Además de la presencia de misioneros y religiosos, especialmente en América Latina, cuenta el hecho de que los responsables de grandes organizaciones como la Compañía de Jesús, el Opus Dei, los Franciscanos o Comunión y Liberación y otras son españoles. El próximo mes de octubre el Papa proclamará a San Juan de Ávila doctor de la Iglesia universal. Será el cuarto español –junto con Isidoro de Sevilla, Teresa de Ávila y Juan de la Cruz- de un total de 33. También en octubre canonizará a la beata catalana Carmen Sallés, una nueva santa española. Estoy seguro de que la representación oficial de nuestro país estará a la altura de estos acontecimientos.

-Después del encuentro con el Papa se entrevistó con el secretario de Estado…

– Con el cardenal Tarcisio Bertone constatamos el excelente momento de las relaciones bilaterales y confirmamos la intención del gobierno de colaborar con el Estado Vaticano a nivel internacional en temas de interés común como pueden ser la prevención de conflictos, la paz, el desarrollo, la promoción de derechos, la libertad religiosa, y otros. Respecto a la crisis económica, consideramos que Europa es un factor esencial para el equilibrio global. Tanto España como el Vaticano somos convencidos europeístas, lo mismo que ambos prestamos una atención preferente a América Latina.

– ¿Se nota una nueva sintonía con la Santa Sede?

– Creo que sí. Y se debe a que este gobierno es más sensible al sentir religioso mayoritario entre los españoles. La relación bilateral es excelente.

– ¿Hay «terrenos mejorables»?

– El gobierno español piensa que los Acuerdos en vigor con la Santa Sede y la Ley Orgánica de Libertad Religiosa son un marco adecuado para el diálogo y la resolución de cualquier problema que pueda aparecer.

– Las relaciones con el Vaticano van más allá de la mera diplomacia. ¿Quién las coordina a alto nivel?

– La acción diplomática corresponde al ministro Asuntos Exteriores. En el plano de las relaciones Iglesia- Estado hay una comisión mixta que, por parte estatal preside la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, y por parte de la Conferencia Episcopal el cardenal Rouco Varela.

-Después de las entrevistas, usted bajó a la basílica de San Pedro…

– Fue un momento emotivo y espectacular. El protocolo de presentación de credenciales es muy solemne en el aspecto formal. Es impactante entrar en la basílica por la puerta principal con la comitiva de la Guardia Suiza… Pensaba que esa grandiosidad supone un reconocimiento a la importancia pasada y presente de España en la historia de la Iglesia.

-En Roma hay además una basílica «española»…

-Su majestad el Rey es protocanónigo de la basílica de Santa María la Mayor, que ahora tiene como arcipreste al cardenal español Santos Abril. Dicen que el Papa la considera “la iglesia más bonita de Roma”.

– ¿Cómo ve España al Vaticano?

-Le vemos como un actor global. Es un Estado muy pequeño en superficie pero su alcance es global. Está en los cinco continentes y es un referente en la vida pública en muchísimos lugares no sólo en Europa sino también en América Latina y en África. Su visión global se descubre incluso en las páginas de «L’Osservatore Romano», que refleja el mundo tal como es. Pero, aparte del Estado Vaticano, el Papa personalmente es un protagonista global, uno de los principales «world players» reconocidos por todos, como el presidente de Estados Unidos o de otras grandes potencias.

-¿Cuál va a ser su perfil como embajador?

-Yo soy un diplomático de carrera con una sensibilidad política concreta pero no aspiro a tener un perfil propio sino a seguir las instrucciones que me transmita el gobierno y a que el fruto de mi gestión sea una muy buena relación de Estado a Estado.

-La diplomacia vaticana es vieja. ¿Es también anticuada?

– Yo creo que no. Hace poco el Papa invitó a la última hornada de sus diplomáticos a que se involucraran mucho en la realidad de los países donde iban a trabajar, lo cual demuestra que tiene una mentalidad muy moderna. Nada de torre de marfil, de trabajar sólo con las élites o el «establishment» de los países sino involucrarse a fondo en la entera sociedad, que es la tarea de los diplomáticos. También la diplomacia española es antigua, como demuestra esta embajada, la más antigua del mundo. Somos dos diplomacias muy veteranas que hemos sabido adaptarnos al paso de los tiempos, a los nuevos medios tecnológicos y a la diplomacia pública.

-¿Cómo se siente al tomar las riendas de la embajada más antigua del mundo?

-Me siento como un eslabón de una cadena de más de 150 embajadores desde hace cinco siglos, y siento el orgullo de representar a un nación que a lo largo de todo este tiempo ha sabido mantener una embajada que forma parte de la historia de la diplomacia y, por su magnífico marco, también del paisaje urbano de Roma. Y que siempre ha figurado entre los principales interlocutores del Vaticano en su accionar político-diplomático. Siento, en definitiva, una enorme ilusión y responsabilidad.