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Según informan distintas Agencias y Medios el pasado mes de agosto el Monasterio de Monserrat recibió uno de los actos centrales de la llamada “Marcha por la Independencia” de Cataluña.

Pide aquí al Abad de Monserrat que evite que su Monasterio sea usado con fines políticos o si quieres ampliar información

La marcha fue recibida con un pasacalle de bienvenida, misa conventual (en la que la participación no fue numerosa, dada la poca fe de los presentes) y una ofrenda floral. Asimismo se desplegó una bandera inconstitucional y antiestatutaria de gran tamaño en el interior del Monasterio.

En el acto se contó con la participación de religiosas como Teresa Forcades y una delegación fue recibida por el abad, José María Soler. Asimismo se inauguró una placa en recuerdo del paso de la Marcha por Monserrat.

De todos es conocido que los Templos de la Iglesia no deben ser usados con fines políticos. Y aún menos cuando los mismos parecen tener poco de evangélicos e ir directamente contra las enseñanzas de los Obispos catalanes, españoles y del Magisterio de los Papas.

En este sentido recordemos algunos textos citando su origen.

JUAN PABLO II, Mensaje a la ONU 5.10.1995, punto 11.

«En este contexto es necesario aclarar la divergencia esencial entre una forma peligrosa de nacionalismo, que predica el desprecio por las otras naciones o culturas, y el patriotismo, que es, en cambio, el justo amor por el propio país de origen. Un verdadero patriotismo nunca trata de promover el bien de la propia nación en perjuicio de otras. En efecto, esto terminaría por acarrear daño también a la propia nación, produciendo efectos perniciosos tanto para el agresor como para la víctima. El nacionalismo, especialmente en sus expresiones más radicales, se opone por tanto al verdadero patriotismo, y hoy debemos empeñarnos en hacer que el nacionalismo exacerbado no continúe proponiendo con formas nuevas las aberraciones del totalitarismo. Es un compromiso que vale, obviamente, incluso cuando se asume, como fundamento del nacionalismo, el mismo principio religioso, como por desgracia sucede en ciertas manifestaciones del llamado «fundamentalismo»»

JUAN PABLO II, Mensaje del Santo Padre a los obispos italianos sobre las responsabilidades de los católicos ante los desafíos del momento histórico actual, 1994.

«…se trata de la herencia de la unidad, que, incluso más allá de su específica configuración política, consolidada a lo largo del siglo XIX, se halla profundamente arraigada en la conciencia de los italianos que, en virtud de la lengua, de las vicisitudes históricas y de la misma fe y la misma cultura, siempre se han sentido miembros de un único pueblo. Esta unidad no se mide por años, sino por largos siglos de historia… Me refiero especialmente a las tendencias corporativas y a los peligros de separatismo que, al parecer, están surgiendo en el país. A decir verdad, en Italia, desde hace mucho tiempo, existe cierta tensión entre el Norte, más bien rico, y el Sur, más pobre. Pero hoy en día esta tensión resulta más aguda. Sin embargo, es preciso superar decididamente las tendencias corporativas y los peligros de separatismo con una actitud honrada de amor al bien de la propia nación y con comportamientos de solidaridad renovada. Se trata de una solidaridad que debe vivirse no sólo dentro del país, sino también con respecto a toda Europa y al tercer mundo. El amor a la propia nación y la solidaridad con la humanidad entera no contradicen el vínculo del hombre con la región y con la comunidad local, en que ha nacido, y las obligaciones que tiene hacia ellas. La solidaridad, más bien, pasa a través de todas las comunidades en que el hombre vive: en primer lugar, la familia, la comunidad local y regional, la nación, el continente, la humanidad entera: la solidaridad las anima, vinculándolas entre sí según el principio de subsidiariedad, que atribuye a cada una de ellas el grado correcto de autonomía»

Compendio de la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino, Segunda Parte, Segunda Sección.

«El hombre es deudor respecto de otro en diversos grados que corresponden, por una parte a la excelencia de las personas, por otra parte a la importancia de los beneficios recibidos. Bajo uno y otro aspecto, Dios ocupa el primer lugar puesto que él es a la vez el mejor de todos los seres y el primer principio al que el hombre se lo debe todo. Pero los principios secundarios de la vida humana son los padres y la patria. Por lo tanto a ellos, después de Dios, es a quienes el hombre es principalmente deudor. De modo que después de la virtud de la religión, cuyo papel es rendirle un culto a Dios, viene la virtud de piedad, que rinde un culto a los padres y a la patria»

CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA, Valoración moral del terrorismo en España, de sus causas y de sus consecuencias.

«Las naciones, en cuanto ámbitos culturales del desarrollo de las personas, están dotadas de una soberanía espiritual propia y, por tanto, no se les puede impedir el ejercicio y cultivo de los valores que conforman su identidad. Esta soberanía espiritual de las naciones puede expresarse también en la soberanía política, pero ésta no es una implicación necesaria. Cuando determinadas naciones o realidades nacionales se hallan legítimamente vinculadas por lazos históricos, familiares, religiosos, culturales y políticos a otras naciones dentro de un mismo Estado no puede decirse que dichas naciones gocen necesariamente de un derecho a la soberanía política.

Las naciones, aisladamente consideradas, no gozan de un derecho absoluto a decidir sobre su propio destino. Esta concepción significaría, en el caso de las personas, un individualismo insolidario. De modo análogo, resulta moralmente inaceptable que las naciones pretendan unilateralmente una configuración política de la propia realidad y, en concreto, la reclamación de la independencia en virtud de su sola voluntad. La virtud política de la solidaridad, o, si se quiere, la caridad social, exige a los pueblos la atención al bien común de la comunidad cultural y política de la que forman parte. La Doctrina Social de la Iglesia reconoce un derecho real y originario de autodeterminación política en el caso de una colonización o de una invasión injusta, pero no en el de una secesión»

OBISPOS DE CATALUÑA. Raíces cristianas de Cataluña

«Hay que decir que, al recordar la necesaria clarificación entre los conceptos de Nación y de Estado para una correcta interpretación de la realidad no pretendemos reducir los vínculos de fraternidad y solidaridad entre los pueblos de España a unas relaciones puramente administrativas. La historia común, con todo lo que tiene de bueno y todo lo que en ella ha sido negativo, la interrelación, incrementada en nuestro tiempo por los fenómenos migratorios, las grandes afinidades de fondo, entre las cuales tiene un lugar importantísimo la fe que compartimos, han tejido una base sólida para la comprensión, el afecto y la colaboración entre todos. Pero sólo será posible avanzar en esta dirección si las formas político-administrativas que el Estado adopte no impidan nunca el desarrollo natural de cada pueblo, sino que, por el contrario, lo favorezcan y lo sirvan».

OBISPOS DE CATALUÑA. Al servei del nostre poble

«Avui s’han manifestat nous reptes i aspiracions, que afecten la forma política concreta com el poble de Catalunya s’ha d’articular i com es vol relacionar amb els altres pobles germans d’Espanya en el context europeu actual. Com a pastors de l’Església, no ens correspon a nosaltres optar per una determinada proposta a aquests reptes nous, però defensem la legitimitat moral de totes les opcions polítiques que es basin en el respecte de la dignitat inalienable de les persones i dels pobles i que recerquin amb paciència la pau i la justícia. I encoratgem el camí del diàleg i l’entesa entre totes les parts interessades a fi d’assolir solucions justes i estables, que fomentin la solidaritat, exigència directa de la fraternitat humana i cristiana».

Tu carta se dirigirá al Abad de Monserrat y enviaremos un resumen de la campaña al Obispo de Barcelona, a la Conferencia Episcopal Española y al Nuncio de Su Santidad en España.