Como había prometido, faltaba cerrar este ciclo de artículos relativos a la presencia de España en Asia, aquella que se comenzó hace largo tiempo con la llegada de Magallanes a Filipinas. Ahora toca cerrarlo con otra gran historia ‘de heroísmo a la española’.

Hablando del final de nuestra presencia en Filipinas, es fácil imaginarse la historia de la que estamos hablando, pero… ¡quizás podamos dar algunos puntos de vista nuevos!

Lo primero era encontrar una fecha en la que publicar este homenaje ¡pasaron tantas cosas en el mes de junio de aquel 1899!. Al final he elegido el 20 de junio de 1899 como fecha de publicación.

¡Al fin y al cabo en la imagen podemos ver como esa fecha se encuentra inmortalizada en mármol!

“…La resistencia de esta guarnición fue alabada por el general Aguinaldo en un documento público enviado a Tarlac el 20 de junio de 1899…”.

Para conocer los detalles de tan gloriosa gesta les dejo el siguiente enlace de “momentosespañoles.es”, pero… ¿fueron los últimos en regresar a España?

No parece que esté del todo claro. Después del 2 de junio de 1899 todavía quedaban más de 5.000 españoles olvidados y perdidos por la selva. Y entre ellos, un numeroso grupo, resto de los defensores del sitio de Tayabas, que no fueron liberados por las fuerzas estadounidenses del coronel Anderson al mando del 38 de voluntarios de Estados Unidos hasta el año 1.900, como nos recuerdan en el artículo de la “Fundación Museo Naval”.

Pero el título es ‘Una guerra imposible de ganar’ y así parece que fue.

Se enfrentaban dos imperios: uno en decadencia, con importantes problemas internos, como era el español, con uno en pleno crecimiento y expansionismo, como era el estadounidense, que se estaba extendiendo a marchas forzadas y con un crecimiento demográfico, industrial y militar desconocido hasta el momento, que se había expandido por toda Norteamérica uniendo las costas de ambos océanos, Atlántico y Pacífico, en pocos años. Tan en pocos años que se les hizo ‘tan corto’, por lo que pronto puso su mirada en el continente asiático, China y Filipinas, al igual que desde hacía tiempo lo había puesto en el resto de América con el eslogan ‘América para los americanos’ que acuñó en 1823 el presidente James Monroe y desarrolló su sucesor en el cargo John Q. Adams.

En este escenario, el choque era inevitable y la victoria española era complicada, como nos aclaran desde ‘momentosespañoles.es’ en su comentario, la guerra se perdió en los campos de batalla filipinos y cubanos y en especial en las batallas navales de Cavite y Santiago de Cuba, pero mucho antes se había ya perdido en los despachos del Gobierno de España, donde con políticas erráticas y planes de inversión poco claros, hizo imposible la defensa de los territorios ultramarinos de España.

¡Aunque mucho queda por estudiar y difundir del confuso siglo XIX español!

Todos tenemos la imagen, al menos yo tengo la imagen, que con la destrucción de las flotas del Almirante Cervera y del Contralmirante Montojo las fuerzas españolas estaban totalmente aniquiladas, pero convendría estudiar con mayor detalle la situación: en Cuba aun quedaban 100.000 soldados dispuestos a luchar y en ‘la mar’ quedaban flotas españolas que todavía podían combatir.

“…Durante la Guerra Hispano-estadounidense, se planeó un contragolpe que aliviara la situación del Almirante Cervera y de paso realizar algún bombardeo sobre la costa americana.

 Para llevar a cabo tal contraataque, el elegido fue el almirante Manuel de la Cámara Livermore.

Se trataba de crear dificultades a los norteamericanos, con los buques que quedaban en España, y posibilitar alguna victoria que elevase la moral española. Para ello se iban a crear tres divisiones navales que pudieran desconcertar al enemigo:

  • la 1ª División estaría al mando del propio Cámara, y estaría compuesta por el crucero Carlos V, los cruceros auxiliares MeteoroPatriota y Rápido, así como el aviso Giralda;
  • la 2ª División estaría al mando del capitán de navío José Ferrándiz, y estaría compuesta por el acorazado Pelayo, el acorazado-guardacostas Vitoria y los destructores OsadoAudaz y Proserpina;
  • la 3ª División estaría mandada por el capitán de navío José Barrasa, compuesta únicamente de tres cruceros auxiliares, el Buenos Aires, el Antonio López y el Alfonso XII.

 Debido a la corta autonomía del acorazado Pelayo y de la Vitoria, la 2ª División haría una maniobra diversiva, navegando unos días en dirección al teatro de operaciones del Caribe, cambiando el rumbo posteriormente para regresar a aguas nacionales y proteger las costas españolas de un posible ataque americano, uniéndosele el crucero protegido Alfonso XIII, una desgraciada copia española del desaparecido Reina Regente.

 La 1ª División, en la que se integraba el Carlos V, se dirigiría hacia las islas Bermudas, donde recibiría órdenes e informes, para iniciar posteriormente un ataque contra la costa este americana, dirigiéndose hacia el norte, rumbo a Halifax, en Canadá, dominio británico, para recibir nuevas instrucciones, y dirigirse después al mar Caribe, cayendo sobre las Islas Turcas.

 La 3ª División debería dirigirse hacia la zona del Cabo San Roque, en Brasil, y desde allí dedicarse a hostigar el tráfico mercante enemigo.

Esta acción no se llegaría a producir, entre otros motivos por las presiones británicas, que no deseaban la extensión de la guerra a todo el Atlántico.

 Con posterioridad, se formaría otra escuadra con órdenes de dirigirse a Filipinas al mando del almirante Cámara. Sería retenida en el canal de Suez hasta lo indecible, mientras que el magnate de la prensa W. Hearst daba la orden a un enviado suyo de que adquiriese un buque para hundirlo en el lugar donde pudiera obstaculizar el paso de la escuadra española.

 Finalmente, tras muchos contratiempos, la destrucción de la escuadra del almirante Cervera y el temor a un ataque sobre las costas españolas hizo que la escuadra de Cámara retornase a toda prisa a la Península…”

Cómo no he podido contrastar toda esta información la pongo toda en ‘cuarentena’ pero desde luego es una visión muy interesante a investigar, analizar y aclarar.

Animo a todos ustedes para que lo estudien y nos cuenten el resultado, tanto si se confirma como si se rechaza la información anterior.

Asumiendo como cierto todo lo aquí escrito, se puede llegar a la conclusión de que la guerra no solo se perdió en los despachos de Madrid, sino que ya se había empezado a perder mucho  antes en los grandes centros internacionales del poder político y económico de Nueva York, Washington y Londres.

Para no alargarme mucho más y creyendo que les he proporcionado suficiente información para que, si la curiosidad y su tiempo se lo permite, sigan profundizando en el importante siglo XIX, clave para la posterior Historia de España, les dejo un enlace de nuestros habituales audios de ‘Memorias de un tambor’ para aquellos que con menos tiempo libre puedan conocer más detalles de lo ocurrido cuando se desplazan en el transporte público, trabajan, van al gimnasio…

Pero no puedo, antes de despedirme, dejar de copiarles la lista de aquellos que quedaron sitiados en la defensa de Baler ya que es importante recordarles.

Vicente Medina

 

Enrique de Las Morenas y Fossi, capitán de Infantería, fallecido por enfermedad.

Juan Alonso Zayas, segundo teniente, fallecido por enfermedad.

Saturnino Martín Cerezo, segundo teniente, herido.

Vicente González Toca, cabo, fusilado.

José Chaves Martín, cabo, fallecido por enfermedad.

Jesús García Quijano, cabo, herido grave.

José Olivares Conejero, cabo.

Santos González Roncal, corneta.

Félix Herrero López, soldado 2.ª, desertor.

Félix García Torres, soldado 2.ª, desertor.

Julián Galvete Iturmendi, soldado 2.ª, fallecido por heridas.

Juan Chamizo Lucas, soldado 2.ª

José Hernández Arocha, soldado 2.ª

José Lafarga Abad, soldado 2.ª, fallecido por enfermedad.

Luis Cervantes Dato, soldado 2.ª

Manuel Menor Ortega, soldado 2.ª

Vicente Pedrosa Carballeda, soldado 2.ª

Antonio Bauza Fullana, soldado.

Antonio Menache Sánchez, soldado, fusilado.

Baldomero Larrode Paracuello, soldado, fallecido por enfermedad.

Domingo Castro Camarena, soldado.

Eustaquio Gopar Hernández, soldado.

Eufemio Sánchez Martínez, soldado.

Emilio Fabregat Fabregat, soldado

Felipe Castillo Castillo, soldado.

Francisco Rovira Mompó, soldado, fallecido por enfermedad.

Francisco Real Yuste, soldado.

Juan Fuentes Damián, soldado, fallecido por enfermedad.

José Pineda Turán, soldado.

José Sanz Meramendi, soldado, fallecido por enfermedad.

José Jiménez Berro, soldado.

José Alcaide Bayona, soldado, desertor.

José Martínez Santos, soldado.

Jaime Caldentey Nadal, soldado, desertor.

Loreto Gallego García, soldado.

Marcos Mateo Conesa, soldado.

Miguel Pérez Leal, soldado, herido grave.

Miguel Méndez Expósito, soldado.

Manuel Navarro León, soldado, fallecido por enfermedad.

Marcos José Petanas, soldado, fallecido por enfermedad.

Pedro Izquierdo Arnaiz, soldado, fallecido por enfermedad.

Pedro Vila Garganté, soldado.

Pedro Planas Basagañas, soldado.

Ramón Donat Pastor, soldado, fallecido por enfermedad.

Ramón Mir Brils, soldado.

Ramón Boades Tormo, soldado.

Román López Lozano, soldado, fallecido por enfermedad

Ramón Ripollés Cardona, soldado.

Salvador Santa María Aparicio, soldado, fallecido por heridas.

Timoteo López Larios, soldado.

Gregorio Catalán Valero, soldado.

Rafael Alonso Medero, soldado, fallecido por enfermedad.

Marcelo Adrián Obregón, soldado.

Rogelio Vigil de Quiñones Alfaro, médico provisional, herido.

Alfonso Sus Fojas, cabo indígena, desertor.

Tomás Paladio Paredes, sanitario indígena, desertor.

Bernardino Sánchez Cainzos, civil.

Fray Cándido Gómez Carreño, párroco de Baler, fallecido por enfermedad.

Félix Minaya López, fraile franciscano, acogido en la iglesia de Baler para sumarse a los sitiados.

Juan López, fraile franciscano, acogido en la iglesia de Baler para sumarse a los sitiados.