300px-Prise_de_Saigon_18_Fevrier_1859_Antoine_Morel-FatioEstamos a 5 de junio y un coronel español acompaña a un almirante francés en la firma del tratado de paz con el Rey de Annam. Con esta firma se da por finalizado, no del todo pero sí oficialmente, la guerra que durante los últimos cuatro años nos ha tenido enfrentados a la coalición formada por Francia y España contra este reino de Indochina.

Los españoles, como siempre, han luchado valerosamente en un ambiente climático más que adverso con unos medios que podemos denominar como ‘algo por debajo de los necesarios para la empresa encomendada’. España, otra vez, se ve involucrada en una guerra que no le conviene ni económica, ni política, ni militarmente, pero… Francia volvió a reclamar nuestro apoyo y en contra de la razón y el sentido común allí nos fuimos.

En esta ocasión había motivos que así lo aconsejaban y contra los que era difícil oponerse, los enfrentamientos religiosos son continuos los asesinatos de cristianos se multiplican por todo el reino y la gota que ha terminado de ‘colmar el vaso’ ha sido la muerte del obispo español José María Díaz Sanjurjo.

Con estos motivos es evidente que no nos encontramos en el actual 2018. Si España se lanzara en la actualidad a guerrear con todos los países donde se asesina a un cristiano no tendríamos soldados suficientes ni con los actuales ni aunque ‘regresaran para ayudarnos’ todos nuestros héroes muertos desde Don Pelayo hasta la actualidad.

Pero… ¡eran otros tiempos!

Nos encontramos firmando un tratado de paz en 1862 por una guerra que se inició en 1858 como una ‘supuesta’ operación de castigo contra el reino de Annam por el asesinato de San José María Díaz Sanjurjo, en aquel momento obispo de Platea cuando fue secuestrado, torturado y finalmente asesinado, motivos por los que fue canonizado el 19 de junio de 1988 por el papa Juan Pablo II junto con los otros 117 mártires de Vietnam.

De todo este conflicto la gran beneficiada fue Francia, que gracias a esta expedición conjunta con España dio el primer paso para extenderse por Indochina en los siguientes años, presencia que no terminaría hasta la Segunda Guerra Mundial con la invasión de Francia por Alemania y de Indochina por Japón.

España consiguió lo que inicialmente iba buscando, como era asegurar la libertad religiosa en la región, la apertura de los puertos para el comercio, la autorización de presencia diplomática y la indemnización pactada por la compensación por los daños causados a los intereses españoles.

Renunció a cualquier tipo de reivindicación de territorio aunque, según parece, Francia llegó a ofrecérselo… ¿un error?

Hay que pensar que estamos en el siglo XIX, en el que desde la entrada de las tropas napoleónicas en España todo lo construido durante siglos se vino abajo de forma totalmente desorganizada. Si la evolución de la guerra en Europa se hubiese desarrollado de otra manera, es de suponer que todo lo acontecido durante ese siglo se habría producido de otra forma mejor gestionada y menos violenta.

Pero con la situación interna con continuos conflictos en la Península, llevar a cabo nuevas aventuras de conquista resultaban totalmente sin sentido, España seguía manteniendo un amplio territorio pero ya no los medios económicos y militares con los que poder mantenerlos.

Como en anteriores ocasiones les pongo a su disposición este enlace con mayor detalle sobre lo comentado. En esta ocasión directamente les ofrezco las propias letras de nuestro héroe presente en la firma del tratado de paz de 1862: el Coronel Carlos Palanca Gutiérrez, que durante todos los años del conflicto estuvo al frente del reducido grupo de españoles protagonista de estas hazañas.

También es imprescindible destacar un importante detalle: se habla de españoles porque como tales lucharon y así eran considerados. Pero la realidad es que la mayoría eran españoles de origen tagalo procedentes de Filipinas, que como camaradas españoles se les trató por parte de las tropas francesas con las que compartieron alegrías y tristezas durante todos los años del conflicto.

¡Bueno, no me enrollo más!

Como me he vuelto un ‘súper-aficionado’ a los podcasts (para los de las ciudades nos vienen bien para cubrir los tiempos de transporte público si nos los descargamos al móvil) les dejo un nuevo audio de ‘Memorias de un tambor’. Además, si quieren saber el motivo  del título tendrán que escuchar al menos la primera media hora del audio.

Pero para aquellos que prefieren leer, les puedo asegurar que en internet hay mucho contenido al respecto. Pero por mi parte he seleccionado el siguiente enlace de ‘momentosespañoles.es’, ya que no solo tiene un contenido muy claro sino también imágenes que ayudan a comprender mejor el contenido.

¡Hasta la próxima!

Vicente Medina