La polémica acerca de la existencia o no de una Ilustración española, más el añadido de una escasamente articulada investigación posterior durante gran parte del siglo XX, ha atendido  a razones más políticas que científicas, provocando un absurdo retraso en la confirmación de la existencia de una sólida Ilustración española surgida en los tiempos de Fernando VI y Carlos III,  de alcance humanista y científico. En tal contexto cabe referirse a la expedición de los capitanes de fragata Alejandro Malaspina y José de Bustamante, conocida como Expedición Malaspina.

A finales de julio de 1789, dos corbetas, financiadas por el Rey de España, Carlos III, zarpan del puerto de Cádiz con rumbo al sur de América. Destino final: dar la vuelta al mundo. Objetivo de la expedición: 100% pacífico. Si. Han leído bien. El objetivo de la expedición no era la conquista de nuevas tierras, el descubrimiento de minas de oro, ni el establecimiento de nuevas poblaciones. Solo obtener información científica sobre el mundo conocido.

Dieciocho años antes, el Capitán Cook había vuelto de su viaje de exploración con datos precisos sobre Nueva Zelanda y Australia. En 1769, el explorador francés Boungainville había desaparecido en el Pacífico en el transcurso de una expedición científica. Era el nuevo espíritu que empujaba a los estados europeos a buscar en los confines de la ciencia, cuando antes se buscaba en los confines de la tierra. Carlos III era un amante de la tecnología y de la ciencia y no dudó mucho en dar apoyo a la empresa española.

Malaspina y Bustamente estaban bien informados sobre las anteriores exploraciones inglesas y francesas, y probablemente admiraban el arrojo de sus predecesores. De hecho, las dos embarcaciones que se utilizaron para el viaje fueron construidas expresamente para este compito, y sus nombres, Atrevida y Descubierta, no eran sino traducción de los nombres de las embarcaciones empleadas por Cook.

Especial cuidado se tuvo en la composición de la tripulación, en la cual había distintas especialidades como Juan Gutiérrez de la Concha, astrónomo: pintores y dibujantes, como el profesor de pintura José del Pozo, los pintores José Guío y Fernando Brambila, el dibujante y cronista Tomás de Suria: el botánico Luis Née; los naturalistas Antonio Pineda y Tadeo Haenke; y grandes marinos como Alcalá Galiano.

Originalmente se había previsto que la expedición diera la vuelta al mundo, pero durante la travesía estalló la guerra entre España y Francia, lo que desaconsejó volver por África. y se tomó el camino, mejor protegido contra ataques de la potencia enemiga, a través del mar de Hoces.

La documentación recogida fue ingente, pues no solo se obtuvieron datos científicos muy relevantes, sino que también se realizaron inspecciones de lo que estaba aconteciendo en las lejanas posesiones del imperio. El resultado fue un abultado informe que fue enviado al nuevo monarca Carlos IV (ya Carlos III había fallecido) con el nombre de “Viaje político-científico alrededor del mundo (1794)”. Entre los documentos presentados había un informe político confidencial, con observaciones críticas de carácter político acerca de las instituciones coloniales españolas. Las críticas eran bastante fuertes, y además se emitían comentarios favorables para la concesión de amplia autonomía a las provincias americanas y del Pacífico.

En paralelo, Malaspina entró en las intrigas políticas con la intención de desbancar a Godoy. Este, tendría muchos defectos pero mantenía un buen sistema policial y lo descubrió. El resultado fue que en noviembre de 1795 fuera acusado por Manuel Godoy de revolucionario y conspirador y condenado a diez años de prisión en el castillo de San Antón de La Coruña. Además, toda la documentación del viaje fue requisada y se prohibió su publicación, y esto sí que fue una verdadera catástrofe científica, ya que numerosos datos ciertamente importantes no vieron la luz hasta más de cien años mas tarde.

Triste final para un excelente marino, científico y organizador. No ocurrió lo mismo a su compañero de viaje, José de Bustamente, que siguió medrando en la administración hasta que murió en 1825, habiendo alcanzado el grado de Teniente General de la Armada Nacional.

A pesar de todo ello, los objetivos de Malaspina se cumplieron, superando con ello los logros de científicos ingleses o franceses. Aunque, todavía hoy, los viajes de Cook, de La Pérouse y de Bougainville,  como menciona Fernández-Armesto, «siguen teniendo el papel predominante en el discurso y en la imaginación de los historiadores».

Sin embargo, ha habido una segunda expedición Malaspina (2010-2011), con la finalidad de estudiar el cambio global y la biodiversidad en el océano. Desde el mes de diciembre de 2010 hasta julio de 2011, más de 400 científicos a bordo de los buques de investigación oceanográfica Hespérides y Sarmiento de Gamboa participaron en la expedición que aunaba la investigación científica con la formación de jóvenes investigadores y el fomento de las ciencias marinas y la cultura científica en la sociedad. Un reconocimiento al legado de la expedición Malaspina.

Fuentes:

Biblioteca Virtual Defensa

Las Corbetas del Rey. El viaje alrededor del mundo de Alejandro Malaspina (1789-1794)

Duarte Quesada, Carlos M. La expedición de circunnavegación Malaspina.

Sagredo Baeza, Rafael; Gonzales Leiva, José Ignacio, La Expedición Malaspina en la Frontera Austral del Imperio Español, Ed. Universitaria, Santiago, Chile
«Malaspina 2010. Crónica de un viaje oceanográfico alrededor del mundo» de Santos Casado y Carlos Duarte.

(Manuel de Francisco y Francisco Gilet)