misioneroHoy, 20 de febrero se celebra el Día Internacional de la Justicia Social. “La justicia social debe igualar de hecho a todos los hombres en lo tocante a los derechos de humanidad”, dice el jesuita italiano Luigi Taperelli, creador de la expresión Justicia Social en el siglo XIX. Como es habitual, es la Iglesia católica la institución que encabeza la práctica de la Justicia Social y que difunde la teoría y la práctica de la misma.

Son numerosas las instituciones de la Iglesia que vivifican esa lucha por la afirmación y defensa de los derechos humanos y se dedican a las personas que más lo necesitan. Se realiza este trabajo desde el principio de la dignidad de la persona, situando a la misma en el centro de su trabajo y desde la solidaridad que es trabajar por el bien común, buscando el bien de todos y de cada uno, intentando que todos seamos responsables de todos. Es el amor de Cristo el que da sentido a esta opción y trabajo, y sólo desde ese amor y desde esa Caridad se entiende la vida de miles de personas entregadas a los demás.

Por eso hoy, 20 de febrero, y en la conmemoración del Día Internacional de la Justicia Social queremos recordar la vida entregada del misionero gaditano Pedro Manuel Salado, de la Institución Familia Hogar de Nazaret, que ha fallecido en Ecuador tras salvar la vida de 7 niños que podían haber fallecido ahogados en el mar. Esa muerte solo se explica desde el amor a Cristo y de él a sus hermanos. La asociación Enraizados quiere hacer una mención especial en este día a Pedro Manuel y a todos los misioneros que dan su vida a Dios y a los hombres.

Hace apenas unas semanas España entera se conmovió ante la heroicidad de tres policías Javier López López, Rodrigo Maseda Lozano y José Antonio Villamor Vázquez, que ofrecieron su vida por salvar a un estudiante eslovaco que desapareció en el mar, en la playa de Orzán, junto a La Coruña. Sería bueno que España entera conociera también este otro acto heroico protagonizado por un misionero español, Pedro Manuel Salado, que no es más que un ejemplo de la oculta y callada entrega de tantos misioneros y voluntarios españoles que, animados en la mayor parte de los casos por su fe y amor a Cristo, entregan su vida a los más necesitados.