jmj cracovia 1Aquí os dejamos otro testimonio de una joven que acudió a la JMJ. ¡Gracias a todos los socios y donantes de Enraizados que ayudaron con sus oraciones y sus donativos a que estos jóvenes pudieran estar en la Jornada Mundial de la Juventud compartiendo su fe con personas de muchos países!:

 

Miriam

Soy una chica más, de 23 años que ha vivido esta JMJ con especial ilusión.

Mis padres me educaron como cristiana y me enseñaron la importancia que tiene vivir la Fe en familia. Gracias a Dios el colegio también ayudó en mi formación y tuve la suerte de contar con buenos amigos que compartían mis creencias y que me ayudaron a vivirlas en un ambiente muy bueno.

Sin embargo, conforme te vas haciendo adulto, te das cuenta de que la Fe no se debe tener “por tradición”, sino que llegado un momento en que es uno mismo el que elige qué camino va a tomar y, por tanto, lo más maduro es decidir hacer personal y diaria esa elección. Renovar ese compromiso en Cristo y la Iglesia todos los días.

Por eso tenía muchas ganas de ir a la JMJ para poder ver al Papa, y compartir mi Fe con tantos otros jóvenes de diferentes países. Además, mentiría si dijese que el plan de ir conociendo alguna ciudad de Europa no tenía su atractivo. Conforme se acercaba la fecha fueron creciendo las ganas.

Finalmente fuimos un gran grupo de gente joven (¡Éramos tres autobuses!) y en los días previos y posteriores a Cracovia recorrimos en bus diferentes ciudades. El viaje en bus permitía que pasáramos buena parte de nuestro tiempo conviviendo con jóvenes de otros lugares, y al mismo tiempo creando un ambiente de oración, misa, formación para preparar los días centrales que estaríamos en Cracovia, y para después meditar y profundizar todo lo vivido allí. Hubo momentos más incómodos (cansancio acumulado, muchas horas de autobús, algún roce con alguna persona en algún momento de más presión, sol y calor-lluvia-sol-lluvia en el transcurso de pocas horas…). Pero todos ellos quedan como anécdotas del tipo ¿te acuerdas cuando…? Que logran sacarte alguna carcajada y sonrisa.

¡Qué puedo decir! De cada persona con la que compartí esos días me llevo cosas tan diferentes. ¡Cuánto puedes divertirte y aprender al mismo tiempo de jóvenes mayores o menores que tú, que viven su Fe con pasión en su día a día!

Una vez en Cracovia, impacta muchísimo ver tanta alegría. Se nota de verdad la presencia de Dios en cada uno de nosotros. Conoces lo que es la Comunidad Cristiana, la Iglesia con gente de diferentes países y movimientos con diversos carismas y vocaciones.

Especialmente me tocaron el corazón las palabras del Papa en la Vigilia, pidiéndonos que no fuéramos jóvenes de sofá y que no viviéramos una sociedad paralizados. Además recalcó la importancia de dejar huella en las personas que tenemos a nuestro alrededor, en nuestros ambientes, y que buscásemos en el amor a los demás el camino para ser felices.

Realmente si nos paramos a pensar, vivimos en una sociedad en la que la avalancha de información hace que muchas veces perdamos la sensibilidad ante determinadas situaciones, por la costumbre de verlas en la televisión o en los medios todos los días. Ojalá nos demos cuenta y valoremos y agradezcamos  lo que tenemos y cómo vivimos. Muchos países están marcados por la guerra o la persecución, y sin embargo viven su Fe con una valentía y perseverancia envidiables.

Es por ello que me siento bendecida con esta experiencia, y con ganas de compartirla con todo el mundo. Muchísimas gracias a todas las personas que han estado organizando y ayudando para que fuera posible. Os tengo muy presentes en mis oraciones. ¡Ojalá esta experiencia se pueda repetir en unos años en Panamá!