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El pasado 14 de abril se votó en el Congreso si se debatiría la ley del aborto. Algunos diputados del PP, conforme a su conciencia, decidieron abstenerse o votar en contra, mostrando públicamente que su partido está incumpliendo el programa electoral en esta materia (entre otras).

Otros diputados provida decidieron votar a favor para así poder introducir enmiendas a la ley. Es el caso de Carlos Salvador, de Unión del Pueblo Navarro (UPN). Entre sus propuestas está aquello que el PP se ha dejado por el camino, una ley integral de apoyo a la maternidad.

Ahora puedes escribir a los diputados  que no han dicho nada sobre esta ley para que, en esta segunda oportunidad, voten a favor de estas enmiendas.

Recuerda a los diputados que aún pueden ayudar al nasciturus en las enmiendas de la ley. Firma.

Tu carta llegará a los siguientes diputados, además de al ya citado Carlos Salvador:

– Rafael Hernando, portavoz del Grupo Parlamentario Popular.

– Jorge Fernández Díaz, ministro del Interior.

– Eugenio Nasarre, diputado del PP.

– Rocío López, diputada del PP.

– Soraya Rodríguez, portavoz del Grupo Socialista.

– José Antonio Durán i Lleida, portavoz del Grupo Parlamentario Catalán.

– Cayo Lara, portavoz del Grupo Izquierda Plural.

– Aitor Esteban, portavoz del Grupo Parlamentario Vasco.

– Rosa Díez, portavoz del Grupo de UPyD.

– Rafael Larreina, de Amaiur.

Les recordaremos algunos puntos del documento del Magisterio de la Iglesia que habla sobre la vida, el Evangelium Vitae:

“El derecho originario e inalienable a la vida se pone en discusión o se niega sobre la base de un voto parlamentario o de la voluntad de una parte —aunque sea mayoritaria— de la población. Es el resultado nefasto de un relativismo que predomina incontrovertible: el « derecho » deja de ser tal porque no está ya fundamentado sólidamente en la inviolable dignidad de la persona, sino que queda sometido a la voluntad del más fuerte. De este modo la democracia, a pesar de sus reglas, va por un camino de totalitarismo fundamental. El Estado deja de ser la « casa común » donde todos pueden vivir según los principios de igualdad fundamental, y se transforma en Estado tirano, que presume de poder disponer de la vida de los más débiles e indefensos, desde el niño aún no nacido hasta el anciano, en nombre de una utilidad pública que no es otra cosa, en realidad, que el interés de algunos”. (nº 20)

La Iglesia sabe que, en el contexto de las democracias pluralistas, es difícil realizar una eficaz defensa legal de la vida por la presencia de fuertes corrientes culturales de diversa orientación. Sin embargo, movida por la certeza de que la verdad moral encuentra un eco en la intimidad de cada conciencia, anima a los políticos, comenzando por los cristianos, a no resignarse y a adoptar aquellas decisiones que, teniendo en cuenta las posibilidades concretas, lleven a restablecer un orden justo en la afirmación y promoción del valor de la vida. En esta perspectiva, es necesario poner de relieve que no basta con eliminar las leyes inicuas. Hay que eliminar las causas que favorecen los atentados contra la vida, asegurando sobre todo el apoyo debido a la familia y a la maternidad: la política familiar debe ser eje y motor de todas las políticas sociales. Por tanto, es necesario promover iniciativas sociales y legislativas capaces de garantizar condiciones de auténtica libertad en la decisión sobre la paternidad y la maternidad”. (nº 90)

Escribe a los diputados para que defiendan al nasciturus.